Vacaciones pagadas en nombre de la cooperación

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[Monitor educador, ISSN 1139-2339, n.112, 2005, pag. 9]

En este mes de agosto he viajado a un país de América Latina para realizar un proyecto educativo con niños/as de una población situada a la periferia de la capital. Aquí quiero añadir que las siete personas de este proyecto nos costeamos todo el viaje nosotros mismos, para evitar suponer una carga para la institución que nos acogía, y para que las pocas subvenciones recibidas se destinaran directamente a la realización del proyecto y no a pagarnos la estancia y el transporte.

Pero durante este mes de agosto tuvimos la oportunidad de compartir nuestra estancia con otro grupo venido de una ONG distinta y de otra región; a los que la estancia, el viaje, y los gastos extraordinarios no les suponía ningún coste personal porque su comunidad autónoma (juntamente con la ONG) los asumía en su totalidad.

En un principio esto no debería ser un punto negativo ya que es beneficioso que se promueva la cooperación internacional i la vivencia personal que supone convivir un mes entero con la población de un país en vías de desarrollo. El problema aparece cuando las personas que se inscriben a estos proyectos los perciben como la posibilidad de tener las vacaciones pagadas durante un mes en algún país de los que los occidentales llamamos despectivamente como tercermundistas.

Y esta actitud solo lleva a un desaprovechamiento del dinero que la ONG i la Comunidad Autónoma ha destinado a este fin; y peor aún, a una desconsideración y falta de respeto a las personas acogedoras que, con mucho esfuerzo y sin recursos materiales han levantado un proyecto educativo con solvencia, y han depositado sus ilusiones y esperanzas en el grupo proveniente del país occidental que, en un principio, viene a colaborar.

Imagínense que, con mucho esfuerzo, ilusión, tiempo, etc., consiguen llevar a cabo un proyecto de gran envergadura en cualquiera de nuestras comunidades. Y cuando pedís ayuda a una ONG, os envía un grupo que simplemente realiza las cuatro actividades para quedar bien con la ONG, pero el resto de tiempo (el 90%) lo dedica a hacer turismo i, en parte, a realizar acciones que comprometen el trabajo que habéis realizado. Es lógico que la frustración y el desánimo nublen la meta final del proyecto.

Con esta columna simplemente pediría a las ONG, gobiernos, administraciones y el resto de instituciones que promueven la cooperación internacional, que revisen la verdadera naturaleza de sus proyectos, y no escatimen tiempo ni recursos en seleccionar las personas adecuadas para llevarlos a termino.

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